Revista entre líneas

Política

Negociación tecnológica.

  • Luis Augusto Montanaro Bedoya
  • 11/10/2021
  • Política

Laurence Boone, economista jefe de OCDE, fue clara y precisa el 21 de mayo en París: “El crecimiento se estabiliza, pero la economía está débil y riesgos muy serios se perfilan en el horizonte. En su conjunto los gobiernos deben redoblar los esfuerzos para garantizar el retorno de un crecimiento más fuerte y más duradero”. Casi nadie cuestiona que la causa principal de este escenario es la gravitación creciente de la tensión comercial Estados Unidos-China, en especial por la estrategia de “guerra” del gobierno de los Estados Unidos contra las desigualdades que hasta ahora -en opinión del presidente Trump y sus asesores- beneficiarían a China. Actitud similar hay, además, ante casos tan disímiles como Irán, Corea del Norte o Venezuela.

La primacía del enfrentamiento sobre la negociación, sin embargo, no garantiza per se una victoria ni siquiera una mejor posición de negociación. Para nadie. Y no solo por la irritación progresiva del sistema internacional hacia quienes tensan la política y la economía mundial. Hay aspectos más estructurales que considerar cómo influyen en el desarrollo de este cuadro.

Uno central es el de ciertos recursos estratégicos para el desarrollo y la innovación, sobre todo tecnológica. Hace pocos días, mientras Trump lograba que Google menoscabara la posición comercial de Huawei, Xi Jinping inspeccionaba Ganzhou y el pueblo de Tantou. Ganzhou es el centro de producción y transformación de las “tierras raras”. Tantou es donde en 1934 partió la Marcha Larga de Mao y sus revolucionarios. La lectura podría ser: China se siente atacada en la guerra comercial y tecnológica, el contrataque podría pasar a las “tierras raras” que son el material útil a la “hi-tech”

En 2009-2010 China producía entre 95-97% de las “tierras raras” del mundo, en 2018 -es muy discutible según las fuentes- entre 58% y 80%. Su influencia es determinante, pero también cada vez más competida. Tiene el 30% de las reservas conocidas. Pero Japón, por ejemplo, descubrió un yacimiento enorme de “tierras raras” en Minami-Toroshima que altera el cuadro estratégico. Un consorcio en que participan Toyota, Modec y Shin-Etsu Chemical, estudia actualmente cómo rentabilizar la extracción. En otras partes, como en el caso de la minera Mountain Pass en California, los mejores precios permitieron afrontar los altos costos y reabrir las operaciones. Otros productores son Brasil, India y Malasia.

Muchas tecnologías verdes como turbinas a viento, baterías para autos eléctricos, smartphone, microondas, pantallas de TV, superconductores, tablet o laptop, están basadas en “tierras raras”. En la industria bélica son insustituibles, en especial en los sistemas de guía misilísticos, laser, satelitales y jet. Se trata, pues, de una indispensabilidad estratégica. Su rareza no radica en que no se encuentren con facilidad. El problema es separarlas de las rocas donde se encuentran y refinarlas en un proceso químico complejo y riesgoso de envenenamiento incluso radioactivo y en todo caso de altos costos. En este siglo la creciente demanda internacional de “tierras raras” controladas por China aumentó por la presión de las innovaciones tecnológicas. Tensiones y conflictos llevaron a Estados Unidos, Japón y Europa a recurrir a la Organización Mundial del Comercio y a China a modificar su política de cuotas, aunque siempre conservando un importante control. En consecuencia, proveerse de otras fuentes que China es una prioridad. El presidente Trump ha explicitado su preocupación por la cadena de abastecimiento de elementos indispensables para la seguridad y la estrategia militar de su país. Se estima que el tema es parte de las tratativas comerciales actualmente suspendidas y está por verse si las partes preferirán la modestia y o la voluntad de potencia.